La etapa del porqué en los niños, ¿qué puedes hacer?

viernes 31, mayo 2019 | 4:09 pm

 

Aproximadamente sucede entre los tres y los cuatros años, cuando los niños ya son capaces de expresarse de manera más fluida y con frases más largas, y empiezan a preguntar por todo lo que les rodea, desde lo más abstracto a lo muy concreto: ¿por qué el agua moja? ¿Por qué se muere la gente? ¿Por qué ese señor está gordo?… Todo les suscita una gran curiosidad y, por lo general, una pregunta suele llevar a otra.

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Pero, ¿por qué hacen tantas preguntas? Antes de volvernos locos actualizando nuestros conocimientos, debemos comprender que nuestro pequeño está atravesando la fase conocida como la ‘etapa de los por qué’: está empezando a descubrir el fascinante mundo exterior y a interactuar con él, y es lógico y saludable que quiera conocer cuál es el origen de cada cosa que va conociendo y que no siempre entiende.

Cada niño, además, es un mundo, y mientras algunos preguntan mucho sobre las cosas que les apasionan o llaman mucho la atención: coches, animales, instrumentos, dinosaurios…, otros son más proclives a experimentar que a cuestionar, aunque haya algunos temas, como la sexualidad y la muerte, que son universales y tarde o temprano acaban apareciendo.

Todos estos porqués permiten no sólo que el pequeño adquiera nuevos conocimientos, sino que desarrolle su capacidad de razonar y su espíritu crítico. A medida que crece, irá completando las preguntas con el cómo, el cuándo, dónde, etcétera. Así que no conviene agobiarse, sino más bien estar listo para afrontar esta etapa por momentos tierna, por momentos cómica, y por momentos absolutamente desquiciante.

Cómo responder a las interminables preguntas de tu hijo

Si el niño se levanta y se acuesta preguntando cosas…, no te desesperes; una vez que hemos comprendido que es normal que nuestro hijo pregunte tanto, llega la segunda parte, contestarle. Pero, ¿tenemos que responderle siempre? ¿Hay que explicárselo todo? ¡Menos mal que hoy en día contamos con San Google para estos casos!

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Lo cierto es que debemos procurar contestarle siempre y decirle la verdad; eso sí, no hace falta explayarse mucho, ni recurrir a explicaciones demasiado alambicadas que jamás podrá entender. Mejor darle respuestas cortas y adaptadas a su edad, aunque estén incompletas, ya que a él, en principio, le resultarán suficientes.

Si por ejemplo nuestro hijo nos pregunta por qué llueve, es mejor decirle: “porque las nubes liberan agua”, que contarle que las “nubes están llorando”, o lanzarse a explicarle todo el ciclo pluvial. Si realmente le interesa mucho la cuestión, continuará preguntando, pero deja que sea él el que lo haga, e intenta seguir su razonamiento, desarrollándolo: si te interroga sobre de dónde sacan el agua, pregúntale tú de dónde cree que lo hacen, e inicia un pequeño diálogo, que puedes transformar incluso en un cuento o historia.

También es muy posible que haya preguntas que no sepáis contestar, y no hay de qué avergonzarse. Vuestro hijo está probando, de paso, vuestra supuesta infalibilidad; en este caso, y si disponéis de un poco de tiempo, podéis intentar buscar juntos la respuesta en un libro ilustrado, una enciclopedia para niños, en Internet, o preguntándole a otra persona (los abuelos suelen ser grandes aliados para estas cuestiones).

Hoy día existen multitud de recursos adaptados a los más pequeños que, de paso, descubrirán que los adultos también aprenden cosas nuevas cada día. Si en ese momento no podéis, buscad la respuesta por vuestra cuenta y dádsela más tarde.

Tomado de WebConsultas

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