Después de Semana Santa, lo importante es no buscar 'compensar', sino volver a la estructura y al plan de alimentación regular que tenemos en el día a día. No buscar extremos. Volver a lo básico: comidas regulares, proteína, verduras e hidratación. Acompañado siempre de un buen descanso entre 7 y 9 horas.
Un ejemplo simple de tres días:
Día 1
Desayuno: Yogur griego sin azúcar con una porción de fruta y 1 cuchara de semillas.
Almuerzo: 1 pechuga de Pollo al horno, con una porción de arroz integral y un bowl de ensalada. (Recomiendo siempre comenzar por la ensalada, y luego la proteína),
Cena: Un omelette de varios huevos enteros, y verduras al gusto.

Día 2
Desayuno: Pan integral, acompañado de huevos y una porción pequeña de palta.
Almuerzo: Pescado a la plancha, con papa hervida y un bowl de verduras.
Cena: Ensalada completa con proteína.

Día 3
Desayuno: Batido con proteína con una porción de fruta.
Almuerzo: Carne magra al horno, con puré de quinoa y bowl de verduras.
Cena: Crema de calabaza con una porción de proteína.

De snacks si es necesario siempre buscar consumir una proteína, la opción más simple fácil y práctica puede ser un batido de proteína, con agua, leche o yogurt griego sin azúcar y se puede acompañar con una porción de fruta de la estación o un puñado de frutos secos.
"La alimentación saludable no se trata de prohibir ni restringir, sino de aprender a equilibrar. Se puede disfrutar de las tradiciones sin dejar de cuidar nuestro bienestar".
Fabiana Cremer, licenciada en Nutrición y Dietética












