Salud

¿Por qué nos cuesta tanto guardar la distancia social?

lunes 6, julio 2020 - 9:03 am

Puede que la cuarentena en muchos de los países ya haya terminado pero no olvidemos que el virus SIGUE y está cobrando más vidas. Sabemos que guardar el distanciamiento social es difícil y más si vivimos en latinoamérica en donde estamos acostumbrados a una vida social llena de contacto físicobesos, abrazos, darse la mano.

Las autoridades nos instan a mantener la distancia social, pero uno sale a la calle, va al trabajo y se encuentra con los amigos y la familia, y no es raro que haya quien se le acerca como si no pasara nada, sin mascarilla o con intención de besarle o abrazarle. ¿Qué hacer entonces? ¿Apartarse? ¿No genera eso malestar y parece uno asocial?

¿Por qué nos cuesta tanto guardar la distancia social?

Porque va contra lo que para nosotros es una costumbre.

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Qué es una costumbre y por qué es tan importante en nuestra vida

Las costumbres forman parte de nuestra construcción cultural y social. El Diccionario de la Real Academia Española define la costumbre como la «manera habitual de actuar o comportarse».

Cuando buscamos la palabra en internet, Google presenta esta primera definición: «Manera habitual de obrar una persona, animal o colectividad, establecida por un largo uso o adquirida por la repetición de actos de la misma especie»Llevamos años, siglos, abrazándonos, dándonos la mano y besándonos.

La costumbre es algo tan potente, que las leyes la tienen en cuenta. La costumbre llega a ser fuente de derecho y en muchas cuestiones se legisla a partir de lo que ya es costumbre.

El Diccionario de Español Jurídico la define así: «Norma, habitualmente no expresada por escrito, que resulta de prácticas reiteradas y generalmente asumidas por la mayoría de los que están en un lugar o participan en una determinada situación. Es requisito necesario la reiteración de la práctica y su permanencia en el tiempo».

Besos y abrazos en la cultura latina

Los besos, los abrazos y los saludos con contacto entre las manos son fórmulas arraigadas en el mundo latino. No hay más que compararse con otras culturas para ver que esto es así: en los países nórdicos o bálticos, por ejemplo, esta costumbre no se vive con la misma frecuencia. Raúl Ramiro Troitiño, director del Centro Picasso de Tallin (Estonia), bromeaba recientemente sobre el modo en que los estonios se han tomado la distancia social: «Decían que ya era hora de que acabase la separación de dos metros para volver a la de siempre, a los cinco metros».

¿Es posible cambiar la costumbre de los besos y abrazos?

¿Es posible, en nuestro caso, alterar una costumbre tan propia de nuestro estilo de vida? La respuesta es que sí, siempre y cuando ese cambio sea por el bien de las personas. En nuestro caso, el argumento está claro: dejar de besarnos y abrazarnos se hace para preservar la salud, que es algo primordial.

Un buen argumento ayuda a cambiar nuestros hábitos. La salud lo es.

El filósofo Ortega y Gasset nos ayuda a comprender el bien que supone un cambio de costumbres. Es célebre su frase «Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo», que aparece en el libro «Meditaciones del Quijote». La circunstancia es el conjunto de usos y costumbres en que ese yo despliega su existencia en sociedad. Ahora de lo que se trata es de salvar esa circunstancia que nos permite sobrevivir y seguir conviviendo. Renunciar a la pequeña porción de costumbre que son los besos y abrazos nos permite protegernos a nosotros mismos y proteger a los demás.

Esa es la razón por la que una costumbre debe cambiar: porque se trata de proteger un bien superior, que son las vidas humanas.

¿Cómo hacer para cambiar la costumbre sin parecer grosero? 

Es cierto que si ahora de forma brusca no dejo que me abrace un amigo o me bese un familiar, me expongo a que piense que me he vuelto maleducado. ¿Qué hacer entonces? Aquí van algunas sugerencias:

TOMAR EL CAMBIO DE COSTUMBRE CON HUMOR.

Una sonrisa es el mejor aliciente para que otro nos respete y haga también como nosotros.

Por ejemplo, cuando alguien llega a nuestra casa o a un encuentro sin mascarilla, podemos ofrecerle una.

Si la lleva pero se la ha bajado, podemos hacer un comentario del estilo «se te cayó el tapabocas».



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