Está claro que las necesidades de hombres y mujeres no son las mismas. Entendiendo esto, tal vez, podamos desenredar el ovillo que representa la denominada “respuesta sexual”, aquí te explicamos las cuatro fases de este proceso:
1. Deseo: Depende fundamentalmente de los sentidos: la vista en el varón y el oído en la mujer.
2. Excitación: Durante esta fase las mujeres necesitan mayor volumen de sangre (alrededor de 1 litro) que debe ingresar a la pelvis, mientras que el volumen necesario que debe ingresar a los órganos genitales masculinos es mucho menor (250 a 300 ml).
Además la capacidad de bombeo del corazón masculino, -mayor que la del femenino- y el calibre de sus arterias principales, también mayor, permite un mayor aflujo de sangre por minuto. Por eso es mucho más frecuente que las mujeres necesiten un tiempo más prolongado de estímulo (alrededor de 30 minutos en promedio), antes de iniciar la fase siguiente, mientras que los varones llegan con mayor rapidez a la misma.
3. Orgasmo: La penetración o coito en los varones provoca un aumento importante de las sensaciones placenteras, lo que desencadena el orgasmo. Para lograr el orgasmo femenino, en general es necesaria la estimulación de los órganos genitales, pero fundamentalmente del clítoris. Además para muchas mujeres es indispensable, el paso por todas las etapas anteriores y el respeto por sus tiempos.
4. Resolución: La resolución es el momento de la relajación, de la cercanía emocional en el marco de una relación con proyección de futuro y apego afectivo… Sin embargo, aún en ese contexto, ¿qué pasa cuando ellas quieren hablar y ellos, extenuados, se quedan dormidos?… ¿Qué pasa cuando la necesidad de contención afectiva de la mujer se encuentra con el glacial silencio masculino que sólo ha cumplido con su mecánica función?
Fuente: revistabuenasalud.com