De acuerdo a la Kathya Trejo, especialista en psicología, esta frase conlleva muchas responsabilidades pero también libertad y determinación. Desglosemos la frase para reflexionar y tener idea si realmente queremos darle sentido y accionar respecto al tema.
Crecer es…
Independencia, no nos referimos a mudarnos de casa necesariamente, sino a “desprenderse” emocionalmente.
Hacer un trabajo interior para renunciar a esa parte infantil de niño herido que llevamos dentro y así dejar surgir al adulto.
Devolverle a mamá "ser ella misma el primer lugar en su vida". La cuidamos cuando somos capaces de tomar nuestras propias decisiones y decisiones que nos dan bienestar. Sanar nuestro niño o niña interior es también trabajar la figura materna.
Sanar heridas del pasado. Acción que nos permitirá cultivar con otra mirada la relación con mamá porque ya no nos relacionamos con ella desde la culpa o miedo y la relación se va dando con mayor libertad y autonomía, se vuelve una interacción de amistad, de confianza y de apoyo mutuo.
Cuidar a mamá es…
No sobrecargarla con responsabilidades que no le corresponden.
Entender que, aunque, no es nuestra responsabilidad cuidarla, podemos hacerlo desde el agradecimiento y no desde “la obligación”, pues ella ha jugado un papel tan importante en nuestra vida, se ha dedicado a educarnos con amor, con respeto y con esmero.
Hacer que salga de su rutina; visitarla, llevarla de paseo o atenderla cuando se sienta triste o enferma.
Brindarle nuestra atención, tiempo de calidad y formar para ella una familia que la abrace y le recuerde lo maravillosa que es y lo bueno que fue haberla tenido (y seguirla teniendo) en nuestra vida.
No es solo llenarla de mimos y regalos, es también liberarla de la tarea de “tener que” estar pendiente de nosotros todo el tiempo, haciéndola sentir segura a través de nuestro actuar.
Importante
No es nuestra responsabilidad cuidar a nuestros padres; si se hace, es desde el agradecimiento y el amor. No se puede obligar a los hijos a tolerar a familias tóxicas o a fomentar la relación de poder.
El rol de las madres no debe ser castrante. Muchas relaciones de mamás e hijas/os se vuelven frías, toscas y hasta violentas porque se asume un rol de pertenencia.
La dependencia o apego excesivo no es sano en las relaciones y muchos hijos no cortan el cordón umbilical, succionando a sus madres hasta acabar con ellas.
No todas las madres han sido "madres", algunas hacen mucho daño y la mejor forma de cuidarlas a ellas y a nosotros mismos es marcando límites y distancia, por eso no se puede romantizar la responsabilidad a toda costa de mantener contacto con la familia si está no hace bien.
El rol de la maternidad no es la única fuente de realización; creerlo hace que las mujeres se pongan en último lugar, sacrificando su autonomía, libertad y salud mental y por eso al crecer sus hijos pueden perder el sentido de vida y ser ellas quienes no corten el cordón umbilical y nunca vivir su propia vida. Fomentando con esto el machismo.